Educación secundaria

Educación Sexual Integral

Con la aprobación de la Ley 26.150 en 2006, que crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, el Estado establece su responsabilidad en garantizar el derecho de niños, niñas y jóvenes a recibir Educación Sexual Integral (ESI) en todos los establecimientos educativos públicos de gestión estatal y privada de nuestro territorio.

Desde entonces el ministerio ha venido desarrollando diversas acciones para su efectivo cumplimiento. En primer lugar, en mayo del 2008 fueron acordados los Lineamientos Curriculares Federales de Educación Sexual Integral, un piso de contenidos obligatorio para todos los alumnos y alumnas del país, y para todos los niveles educativos. En diciembre de 2008, en la Primera Reunión Federal realizada en la Ciudad de Buenos Aires, con la participación de autoridades de todas las jurisdicciones, se realizó el lanzamiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Este encuentro constituyó un hito en tanto inauguró formalmente el Programa y, a su vez, la continuidad de un proceso de trabajo que se había transitado con los referentes técnicos y políticos de las provincias en años anteriores.

Proceso de implementación de la ley 26.150

En las instituciones educativas, la Educación Sexual Integral constituye un espacio sistemático de enseñanza y aprendizaje que comprende contenidos de distintas áreas curriculares, adecuados a las edades de niños y niñas, y abordados de manera transversal y/o en espacios específicos. Incluye: el desarrollo de saberes y habilidades para el cuidado del propio cuerpo; la valoración de las emociones y de los sentimientos en las relaciones interpersonales; el fomento de valores y actitudes relacionados con el amor, la solidaridad, el respeto por la vida y la integridad de las personas;  el ejercicio de los derechos relacionados con la sexualidad, etc. También promueve el trabajo articulado con las familias, los centros de salud y las organizaciones sociales.

Cuando pensamos en propuestas que apunten a generar aprendizajes de tipo cognitivo, entendemos no sólo el suministro de información científicamente validada, acorde a cada etapa de desarrollo, sino también el trabajo sobre los prejuicios y las creencias que sostienen actitudes discriminatorias y el conocimiento de derechos y obligaciones.

Con respecto al plano de la afectividad, consideramos que, desde la escuela, es posible trabajar para desarrollar capacidades emocionales como la solidaridad, la empatía, la expresión de los sentimientos en el marco del respeto por los y las demás. Este aspecto puede resultar novedoso, ya que, habitualmente, las competencias emocionales fueron poco abordadas desde la escuela tradicional. De alguna manera, se daba por sentado que se trataba de cuestiones que se aprendían espontáneamente, con la “madurez” que va brindando la experiencia. Sin desmerecer la vía de aprendizaje informal que constituye la experiencia de vivir, es posible diseñar enseñanzas sistemáticas, orientadas a generar formas de expresión de los afectos que mejoren las relaciones interpersonales y promuevan el crecimiento integral de las personas.

Por último, contemplamos una dimensión también relacionada con el saber hacer, en que se promueve la adquisición de competencias, tales como la posibilidad de decir no frente a la coacción de otros y de otras, el fortalecimiento de conductas de cuidado personal y colectivo de la salud y también de habilidades psicosociales, como la expresión de sentimientos y afectos.

Asumir la educación sexual desde una perspectiva integral demanda un trabajo dirigido a promover aprendizajes desde el punto de vista cognitivo, pero también en el plano de lo afectivo, y en las prácticas concretas vinculadas con el vivir en sociedad.
La escuela es una de las instituciones sociales responsables de garantizar una inclusión social justa y efectiva para las nuevas generaciones. Por ella transitan muchos niñas/os y adolescentes para quienes sus coordenadas simbólicas y materiales continúan siendo una referencia de protección, cuidado y sentido para sus vidas. En este marco, la labor de una educación sexual integral en las instituciones educativas supone trabajar desde un enfoque de promoción de la salud, de igualdad de oportunidades entre mujeres y varones,  y desde el marco de los derechos humanos.

Más información sobre el Programa Nacional de Educación Sexual Integral